¡Hola de nuevo!
Ha llegado otro texto generado con la consigna del grupo de facebook de Adictos a la escritura. La idea, esta vez, ha sido desarrollar un relato a partir de una canción. Terminé haciendo dos relatos (hace una semana tenía uno y medio XD, pero logré concretar el otro), pero, a pesar de la indecisión, este es el elegido...
¡Gracias por leer!
TANTO CREO EN TI
Aike deslizó la
pregunta con sigilo, hasta alcanzar los oídos de Mario:
―¿Cómo podrías probar
que me amas? ― Al recibir el mensaje, él no pudo hacer menos que reír; sin
embargo, al percatarse de que el rostro de ella lucía taciturno, espetó con las
cejas enarcadas:
―¿Es en serio? Porque
no puedo hacerlo: tú decides lo que quieres creer acerca de lo nuestro. Me
parece que siempre he sido sincero al respecto, ¿o no? He cumplido con mi parte.
―Entiendo ―reconoció
Aike―, pero he vivido a la deriva toda mi vida y, ahora, necesito de una
certeza que me indique que vamos por el camino adecuado.
―Es que eso es algo que
debes sentir, más que saber… Pero a ver, dime, ¿qué te parece esto? ―expuso
Mario con una sonrisa entre los labios―: Me desnudaría en este preciso momento
y te dejaría administrarme el somnífero más potente, y, sólo entonces, me
acomodaría en la cama y dormiría para ti. Todo el tiempo que fuera necesario.
―¿Y eso para qué? ― Ahora
ella fue la que se echó a reír. Y no fue una risa burlona, sino más bien
curiosa.
―Puedo decir que
hagas conmigo lo que quieras: el amor también es un juego de poder; tú me pides
ceder en este momento, cederte algo, no sé qué… pero sólo de la forma en que he
mencionado, te daría mi vulnerabilidad, y eso es lo último que me queda por
darte. No hay razones, no hay caminos correctos, sólo sentimientos, y un
intento por demostrarlos.
―¡Oye! Todo eso me suena
bien, pero… ―Aike quiso insistir―, si todo queda en un sentido hipotético, ¡¿qué
riesgo hay en ello?!
―Tanto creo en ti,
que estoy dispuesto a arriesgar mi integridad, incluso en el plano de lo
incierto ―respondió Mario, sin reservas y mirándola fijamente―. Porque a nadie,
más que a ti, le regalaría la idea de tenerme desnudo, sedado y “a la deriva
mental”, tal como la que supongo que ahora te embarga y por la que has decidido
ponerme a prueba. ¿Es eso suficiente? ― Sorprendido tras la intensidad de su
respuesta, Mario se sonrojó y trató de esconder el rostro en un fuerte abrazo.
―Tú explicación ha
sido la prueba, y la has superado con creces ―respondió Aike separándose complacida
de Mario―. Ya sabes, por eso de tenerme paciencia. Soy un poco lenta, siempre
lo he sido. Lo sé y lo siento.
Entonces, sin aguardar
a su respuesta, Aike se abalanzó sobre él, y le acarició con los labios el
lóbulo de la oreja más próxima, acarició también su cabello, e invitándole a
recostarse, se enredó con su cuerpo… fundiendo sus respiraciones, haciéndolas
entrecortadas; provocando que, entre las sábanas, se perdiera la noción de dónde
comenzaba y terminaba cada uno de los entes allí expandidos.
Ciertamente Aike nunca
llegó a comprender por qué la duda la había asaltado de aquella manera (a pesar
de tenerse ambos, a pesar de todos los suspiros, gemidos y sollozos compartidos),
pero sólo hasta que la pregunta salió por su boca, la duda desapareció de su
mente.



