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6.7.13

El grito de los tambores

Hola, no se me ha olvidado el blog... Obviously not!
Les comento que el siguiente relato está inspirado en la canción Mi Tierra, interpretada por Gloria Estefan. Quería escribir con algo de la música con que crecí y esto fue lo que conseguí. A ver qué les parece a ustedes :)



EL GRITO DE LOS TAMBORES

Dos y media de la madrugada. El aire del caribe luce claramente viciado, cubierto por una densa niebla, aunque esté desatado un calor bochornoso a lo largo y ancho del Puerto de Camarioca.
      El ambiente del Durga comienza a tomar la forma de una hidra de temperamento tropical, y, al interior del lugar, los numerosos bailarines se mueven sobre una línea de ritmo propio, aunque siempre terminen siendo parte de una armonía natural. A todos les llega el viento desde lejos, desde afuera, arreando un aire espeso que ayuda a que la música reviente dentro de todos los pechos y desemboque hasta la punta de muchos pares de pies.
Al centro de la pista, él domina el baile, él: un joven de apenas veintitrés años; cabello castaño, cejas pobladas, ojos marrones, complexión media, pero con ligereza en los pies. Ambos, están enfrascados en una rumba de baja intensidad. Él la tiene tomada por la cintura; ella se encuentra con los brazos recargados en los hombros de él, dejando las manos fuera de su vista, pero dentro del campo de la imaginación… Van juntos, adelante y atrás: sin miedos, alternando el movimiento de las piernas, apenas marcando los pasos, por la dificultad que supone la cercanía entre sus cuerpos, que para el término de la canción, y con el grito de los tambores, terminan enredándose. Irremediablemente, los alientos se tocan.
―Bésame, ahora que puedes ―dice el joven, revelando su espíritu aventurero. Ella sonríe deliberadamente y hace caso omiso a la invitación arrogante de aquel forastero, del chico que conoció con la canción anterior y que no quiso soltarla al comenzar esa rumba―. O bueno, siquiera dime cómo te llamas… ―súplica él, pero ella vuelve a sonreír y, sin dejar de bailar, lo lleva fuera de la pista. En breve se encuentran fuera del Durga, con dirección al agua.
El golpe de calor del exterior resulta un fuerte impacto, por lo que ella sigue tirando de su mano hasta alcanzar la playa; y ahí, se suelta de él y se recuesta en la arena, muy cerca de donde las olas abrazan la orilla con indecisión. A la luz de la luna, por fin la contempla, él a ella, en todo su esplendor… ella: con su vestido de gasa azul, vaporoso como los sueños. Ella, con la piel tan oscura que sobre él llegaría a generar un eclipse total; ella, con el cuerpo resquebrajado por el trabajo duro, pero con la carne firme por las horas bailadas dentro del Durga. Ella, que coloca sus manos en su propio vientre y deja de sonreír de pronto, como dándose cuenta de lo que implica estar frente a un desconocido, a un costado de la playa, con la abertura del vestido dejando a la vista la luminosidad de sus muslos.
Él se tiende sobre ella y aprecia su rostro: ojos negros, como el mar en una noche desierta, el cabello rizado que cubre sus mejillas, los pómulos prominentes, los labios secos, pero de un relieve sugestivo.
―Bésame tú ―pide ella. No le hubiera gustado abalanzarse sobre él, no sin antes haber probado el empuje de su boca.
―¿Estás segura? ―él sonríe para sus adentros, con la mirada embelesada.
―Tan segura como el hecho de que el grito de los tambores ha terminado.
―Pues no sé tú, pero yo los sigo escuchando: los tambores somos nosotros, pero aún no llegamos a dar ese grito… seguimos murmurando.


La mujer acostada en la playa sonríe, pero esta vez lo hace convencida, lo atrae hacia ella, y él, aún en el desconocimiento de su nombre, comienza por aprender cada partícula de su cuerpo.

25.5.13

TANTO CREO EN TI



¡Hola de nuevo! 
Ha llegado otro texto generado con la consigna del grupo de facebook de Adictos a la escritura. La idea, esta vez, ha sido desarrollar un relato a partir de una canción. Terminé haciendo dos relatos (hace una semana tenía uno y medio XD, pero logré concretar el otro), pero, a pesar de la indecisión, este es el elegido... 
¡Gracias por leer!





TANTO CREO EN TI

Aike deslizó la pregunta con sigilo, hasta alcanzar los oídos de Mario:
―¿Cómo podrías probar que me amas? ― Al recibir el mensaje, él no pudo hacer menos que reír; sin embargo, al percatarse de que el rostro de ella lucía taciturno, espetó con las cejas enarcadas:
―¿Es en serio? Porque no puedo hacerlo: tú decides lo que quieres creer acerca de lo nuestro. Me parece que siempre he sido sincero al respecto, ¿o no? He cumplido con mi parte.
―Entiendo ―reconoció Aike―, pero he vivido a la deriva toda mi vida y, ahora, necesito de una certeza que me indique que vamos por el camino adecuado.
―Es que eso es algo que debes sentir, más que saber… Pero a ver, dime, ¿qué te parece esto? ―expuso Mario con una sonrisa entre los labios―: Me desnudaría en este preciso momento y te dejaría administrarme el somnífero más potente, y, sólo entonces, me acomodaría en la cama y dormiría para ti. Todo el tiempo que fuera necesario.
―¿Y eso para qué? ― Ahora ella fue la que se echó a reír. Y no fue una risa burlona, sino más bien curiosa.
―Puedo decir que hagas conmigo lo que quieras: el amor también es un juego de poder; tú me pides ceder en este momento, cederte algo, no sé qué… pero sólo de la forma en que he mencionado, te daría mi vulnerabilidad, y eso es lo último que me queda por darte. No hay razones, no hay caminos correctos, sólo sentimientos, y un intento por demostrarlos.
―¡Oye! Todo eso me suena bien, pero… ―Aike quiso insistir―, si todo queda en un sentido hipotético, ¡¿qué riesgo hay en ello?!
―Tanto creo en ti, que estoy dispuesto a arriesgar mi integridad, incluso en el plano de lo incierto ―respondió Mario, sin reservas y mirándola fijamente―. Porque a nadie, más que a ti, le regalaría la idea de tenerme desnudo, sedado y “a la deriva mental”, tal como la que supongo que ahora te embarga y por la que has decidido ponerme a prueba. ¿Es eso suficiente? ― Sorprendido tras la intensidad de su respuesta, Mario se sonrojó y trató de esconder el rostro en un fuerte abrazo.
―Tú explicación ha sido la prueba, y la has superado con creces ―respondió Aike separándose complacida de Mario―. Ya sabes, por eso de tenerme paciencia. Soy un poco lenta, siempre lo he sido. Lo sé y lo siento.
Entonces, sin aguardar a su respuesta, Aike se abalanzó sobre él, y le acarició con los labios el lóbulo de la oreja más próxima, acarició también su cabello, e invitándole a recostarse, se enredó con su cuerpo… fundiendo sus respiraciones, haciéndolas entrecortadas; provocando que, entre las sábanas, se perdiera la noción de dónde comenzaba y terminaba cada uno de los entes allí expandidos.
Ciertamente Aike nunca llegó a comprender por qué la duda la había asaltado de aquella manera (a pesar de tenerse ambos, a pesar de todos los suspiros, gemidos y sollozos compartidos), pero sólo hasta que la pregunta salió por su boca, la duda desapareció de su mente.

26.4.13

Hoy en ~Kiss a book~ ha sido publicada la Antología "La llave"...

¡donde participo con un relato! Y de verdad estoy muy emocionada porque el relato me costó mucho trabajo, pero creo que es uno de los mejores escritos con que cuento hasta el momento :) Y es que va sobre pérdidas y autómatas... una combinación así de rara y loca como yo, que no fue fácil de moldear.
Descripción: "La llave" no es sólo el título de esta antología sino también las palabras que sirvieron de inspiración a la hora de escribir cada uno de los relatos. En palabras de Elle Levy, la organizadora: “Hay algo en esta antología que la hace especial, es libre y tiene carácter. La variedad de géneros la hace única, distinta a las que organicé anteriormente en el blog”.

Autores: Rebeca Bañuelos, Patricia K. Olivera, Lirio Rojo, Athena Rodriguez, Srta. While, Maya Maro, Déborah F. Muñoz, Míriam Moreno, Ave G.R., Maribel Segado, Cristina Calahorro, Araceli Alemán, Lyd Macan, Fany_AMQL, Ana Nieto Morillo, Eldan Y., Inés Cardoso, Fairytale Love, Carolina Von Strauss, Arwen Grey, Sambo, Blas C. Terán, Viktor Valles, Maria Cabal, icarina_juan, Alice, Lauren Morán, Enrique García Díaz, Marie Vi, Camilla Mora, Rosie Barberan, Jessica Lozano, Cyrelle Chèvalier, Eme, Rut Prieto "ChicaPop", Elleh L'Étoile, K. Dargo, Kassfinol, Sylianne, James Morgan, D.W. Nichols, Andrea Neptune, Alan D.D., Claudia Cardozo, José Antonio García, Rhodéa Blasón, Mónica Mejía, Raquel Campos, Elle, Daniel Vioque Picón, Valerie, Elle Levy.

Publicación (blog “Kiss a book”)
Descargas: ePub | MOBI

Gracias a Elle Levy, a Icarina_Juan y a todos los autores que hicieron posible este proyecto.

25.4.13

¡Ponle un título!

Hola, hola. Esta vez traigo el relato con el que participo este mes en el proyecto del grupo de facebook de Adictos a la escritura. Se trata de un ejercicio de dos fases, siendo la publicación (justo esta) la primera fase, y la segunda (y mediante sorteo) el crearle un título al relato asignado. Así que estoy ansiosa por leer los otros escritos y saber qué título le darán al mío. ¡Felices lecturas!


El juego cobarde de un abandono inocente

Cierro los ojos y aún puedo ver su imagen con claridad… aunque mentiría si dijera que recuerdo su rostro, porque ese ha quedado sumergido en el mar que es mi memoria. Y lo que veo en realidad, cada vez que intento abandonarme al sueño, es su perfil trasero: el cabello abundante, negro como la noche y en una trenza infinita; su figura esbelta: apenas afectada por el nacimiento de mi hermano y seis años antes por el mío; su atuendo recién adquirido: un vestido rojo entallado de un corte extraño y zapatos altos de charol (cosas que tengo grabadas, porque he llegado a pensar que fueron un obsequio hecho por parte del hombre con el que desapareció); y finalmente, su contoneo imperceptible y su espalda levemente encorvada, de seguro sintiendo una profunda vergüenza por haber tenido hijos no deseados y por tener que abandonarlos para empezar una nueva vida.
Pero no sé qué era lo que creía, tal vez que había engendrado a unos descerebrados, porque esa tarde nos llevó a mi hermano y a mí a caminar entre calles desconocidas, con la eterna promesa de helados y otras chucherías, e hizo que nos detuviéramos una vez alcanzadas las vías del tren (vías que, estaba segura, si seguía, pasaban justo detrás de nuestra casa), pidió que nos sentáramos sobre los rieles y dijo que la esperáramos quietecitos, que no tardaría nada. No obstante, nos amarró con una soga a manera de que mi hermano y yo quedáramos espalda con espalda.
Tenía siete años, pero no era tonta. Y lo que más me dolió, no fue su partida, sino que nos pidiera esperarla ahí, aunque lo que ganáramos fuera un encuentro con la muerte.
Sin embargo, apenas noté que mi madre desapareció entre la indiferencia de la gente, suspiré cansada; a veces uno mira al cielo y pregunta ¿por qué a mí?, pero yo no lo hice, porque mi hermano no se lamentó ni entendió nada de aquello; así que me deslicé con cuidado por debajo de la cuerda, y ya estando floja ésta, se la quité de encima a mi pequeño, que para entonces chupaba su manita izquierda con tierna fruición.
Levanté a mi hermano, y me eché la cuerda al hombro como recordatorio de lo que había pasado ahí. Y por supuesto, tuve unas inmensas ganas de llorar, pero no quise espantar a Polito, de modo que con él en brazos y la soga al hombro, no volví sobre nuestros pasos, sino que probé a marcar unos nuevos del otro lado de la vía.


13.4.13

Las noches en que los gatos sollozan

¡Hola! Aquí les dejo el relato de mi autoría que quedó en segundo lugar en el concurso del mes pasado del portal ImaginaLee. ¡Gracias a todos los que votaron!


LAS NOCHES EN QUE LOS GATOS SOLLOZAN

El reloj marca la medianoche y yo no puedo estar menos que aterrada, pues es cuando vienen a mí, en oleadas irregulares, los más terribles silencios.
Afuera, durante esas noches, todo el mundo parece detenerse.
Pero del mismo modo, y cual tétrica contraparte, hay ocasiones en las que los gatos que visitan mi tejado maúllan tanto, que me pregunto si cada que suenan las doce campanadas son parte de una metamorfosis que los convierte en humanos, casi como por arte de la magia más oscura. Concretamente: cuando los gatos se lamentan, me pareciera que en realidad lo estuviera haciendo un niño pequeño. Y a mí eso me estruja el corazón.
Las noches en que los gatos sollozan (sea el acto parte de su ritual de apareamiento o no), son en las que no puedo conciliar el sueño: enloquecen mi mente, intranquilizan mi alma; quisiera salir a buscarlos, darles un afectuoso abrazo… simple y llanamente: consolarlos.
Las noches en que los gatos lanzan tan horrendos alaridos, son también en las que temo por mi vida, porque no sé si lo que quieren es recordarme que si salgo a su encuentro, podría hallar algo más que sólo gatos transformados.


25.3.13

Lo que aprendí en la inconsciencia

¡Hola de nuevo a todos los Adictos! 

Como sabrán, el grupo detuvo oficial e indefinidamente sus actividades, no obstante, Dora Kuechel y José Enrique Ávila organizaron la actividad de este mes por medio del facebook. ¡Gracias a ambos!

Y la consigna de esta vez, por votación, fue UN SECRETO y como sabía que me iba a costar mucho más, decidí contar algo que no todos saben de mí, y eso se refiere a mi vida "amorosa"... y no es que sea tan interesante, sino que soy muy hermética en ese sentido, incluso con los amigos, así que, ¡aquí va!


Lo que aprendí en la inconsciencia

La primera vez que me enamoré, en cierto punto de la relación, no hubo correspondencia.
Y pasé un puñado de años preocupándome por él, viéndolo con grata pasión de vez en cuando; intentando seguir cultivando la especie de amistad que nos unía… incluso hasta imaginando lo que habría sido de nosotros si se hubiera dado algo más. O mejor dicho, lo que yo quería.
Pero difícilmente lo que uno quiere lo quiere de verdad… o suele suceder  (en el más egoísta de los casos) que, con el dolor, llega a pasarse por alto el deseo del otro. De todos modos, después de ese instante, en mi vida se presentó un período lleno de garabatos y borrones: un cúmulo de sentimientos no fermentados, una huella informe que desafió mi propia existencia… Salir de ese agujero en el tiempo, no fue tarea fácil.
Sin embargo, un día después de que me sentía desfallecer, pude superarlo. Como dije, no fue fácil, por supuesto nunca lo es. Pero de pronto me sentí abandonada por ese profundo sentimiento, dije adiós (en la inconsciencia) a esa ansia loca de quererlo junto a mí y quererme junto a él.
Pero aprendí muchas cosas a raíz de esa experiencia, cosas de mí, claro está. Aunque bueno, lo admito, también aprendí mucho de él y de su rara inclinación hacia mí, hacia mi tiempo y mis demostraciones de afecto.
Aprendí, por otra parte, sobre la aprehensión de la pertenencia en los campos del amor, y decidí que a lo largo de mi vida, sólo abrazaría a todos los amores de espíritu libre y corazón repleto.
Y al día de hoy sigo en la misma línea abstracta: quiero a los que quiero, como quiero y a los que me permiten quererles; pues si algo más tengo aprendido es el hecho de encontrarle el gusto a todos los riesgos, porque el amor es uno de los retos más grandes al que decidimos entregarnos. Que para ser un juego de azar, el juego del amor está bastante bien perfilado a través del universo, y que como al tren de la vida, nos empujamos (también a veces en la inconsciencia) a abordarlo con una pequeña mochila de contenido no revelado.

10.3.13

El mar contenido (FanFiction)

¡Hola a todos! Gracias por permanecer conmigo.
El siguiente escrito que comparto fue una experiencia que tomé como un reto: se trata de un Fanfic, y si bien  llegué a hacer algunos de Harry Potter (unos se perdieron y otros quedaron en un recóndito cajón de mi memoria), tenía mucho tiempo de no hacer ninguno, así que cuando Eveletta comentó que no había material fan desprendido de la primera entrega de la serie Night School (y aunque ya leí dicho libro y no me considero seguidora), me comprometí a escribir uno para ella, y esto fue lo que salió:


EL MAR CONTENIDO

Fanfic de Night School. Todos los personajes nombrados en 
este relato le pertenecen a C. J. Daugherty.

Para Eveletta.

Aunque tenía poco de haber vuelto a Cimmeria, parecía que Allie no se encontraba en su habitación: un orden insólito, las luces apagadas, una quietud agonizante… apenas presente debido al profundo sueño que la embargaba y sus pertenencias todavía dentro de las maletas.
Sucedió que Allie había llegado tan exhausta del ajetreado y hermético viaje con sus padres, que lo que menos deseaba era deshacer el equipaje, así que cayó como muerta apenas tocó la almohada, cosa que podía adivinarse por la posición diagonal de su cuerpo en la cama.
Pero nadie podría observarla, o bueno, hasta ese momento.
La emoción de haber vuelto no había podido más que el cansancio, incluso la chica pensó que ya tendría tiempo para reencontrarse con sus amigos y buscar por todos lados a Carter, y más aún, seguir indagando sobre los extraños acontecimientos que habían tenido lugar en el curso anterior, además de las misteriosas llamadas anónimas que había recibido tanto en casa de sus padres como en los distintos hoteles donde se hospedaron.
Volviendo al interior de su habitación, el respirar de Allie seguía una línea curiosa: inhalaciones, exhalaciones, silencios, suspiros y contracciones espasmódicas. No era un sueño que revelara una turbación real, sino más bien una calma extravagante… digna de una chica que había vivido un poco de todo y a la vez nada de nada.
Pero eso, también cambiaría pronto.
Se oyeron pasos en el pasillo exterior, de suelas pesadas pero de un marcaje delicado, casi elegante; y a pesar de no haber estrépito (del todo), el sueño de Allie se turbó por lo que su oído pudo percibir. Un cuerpo recargándose tras la puerta (aplicando fuerza para comprobar si ésta estaba abierta) y el cuerpo de Allie ya estaba tenso, intentando despertar a la mente de quien pertenecía. Pero no fue hasta que forzaron la cerradura, que la chica abrió los ojos e intentó -con presura- que un golpe de adrenalina la trajera del mundo de los sueños; no obstante, ni con todos los procesos internos se movió, tan solo los parpados se levantaron, pero nada más.
Allie, ya despierta, notó una presencia a sus espaldas, pero le dio miedo girarse o levantarse siquiera, pues tuvo la leve sospecha de que si no se movía y seguía fingiendo estar dormida, tendría una oportunidad de huir a lo que estuviera tras ella. Puso el oído atento y escuchó los mismos pasos intrusos que se habían colado en su sueño, convirtiéndolo de esta manera en un comienzo de pesadilla. Aquellos pasos rodearon su cama y, en breve, ya había alguien haciéndole frente.
Allie no pudo más que entrecerrar los ojos, porque a pesar de la oscuridad, temía que pudieran descubrirla. Y así, con los ojos entreabiertos, y gracias a la luz lunar que se colaba por la ventana, distinguió la silueta de un hombre delgado, de constitución atlética, que enmarcaba sus músculos en un cuidado atuendo negro que inevitablemente hacía pensar en un ladrón, mas no uno cualquiera. Sus ojos tardaron un poco en reparar en toda la anatomía del tipo, pero cuando él se inclinó sobre ella, supo que era Sylvain.
Allie boqueó debido a la sorpresa de aquel descubrimiento y se incorporó al instante.
─ ¿Qué haces aquí? ─susurró con recriminación y él se echó para atrás.
─ ¡Dios! Pensé que estabas dormida ─aceptó Sylvain en un susurro que preservaba su acento francés.
─ Pues ya ves que no, y dime, ¿qué demonios pensabas hacerme? ─; justo en ese momento Allie agradeció tener hasta el abrigo puesto.
─ Nada, solamente quería saber si era cierto que ya estabas aquí ─diciendo esto, Sylvain se sentó en la orilla de la cama y Allie retrocedió quedándose en el otro extremo.
─ ¿Y eso a ti en que te afecta? ─. Allie no podía dejar de tener un humor de perros, había tenido miedo por la intromisión y de lo que sea que fuera a buscar él, pues sólo podía recordar los malos ratos que pasó a su lado.
─ Aunque no lo creas, Allie, sigues importándome ─Sylvain se levantó de la cama y se dirigió hacia la ventana, parecía que estaba nervioso ya que comenzó a jugar con la manija. En ese instante, a Allie le pareció inofensivo. Se relajó.
─ Tú y yo no quedamos en muy buenos términos, ¿ok? ¿Y ahora vienes y entras a mi habitación así, y pretendes que yo crea en tus palabras? ─a ella casi le dio un vuelco el estómago de imaginar sus verdaderas intenciones. ¿Acaso Sylvain pensaba en hacerle daño mientras dormía y se arrepintió ahora que hablaba con ella? Realmente no lo creía así, pero era mejor dejar la duda intacta.
Después de un largo silencio, él contestó:
─ Lo sé, pero es que no logro hacerme a la idea de que lo nuestro no pueda ser ─dijo aún de espaldas.
─ Sí, claro, tu orgullo herido es el que no puede entenderlo ─Allie se puso de pie y se cruzó de brazos─. Sabes, no estoy en condiciones de hablar ahora, necesito que te vayas ─Allie se aproximó a la puerta y se encargó de abrirla toda, en un claro gesto de que la charla había terminado, y efectivamente.
Sylvain se volvió sobre los talones hasta que la puerta estuvo bien abierta, caminó directamente hacia la salida y antes de tomarle la palabra a Allie, la miró intensamente, se podría decir que la fulminó, pero no fue una mirada de rencor, sino más bien de sincero arrepentimiento, o eso creyó Allie y por ello se le doblaron las rodillas, a lo que nada más pudo reaccionar moviendo la cabeza en señal de indecisión.
Y justo eso es lo que él buscaba, porque en milésimas de segundo su seguridad se vio fortalecida.
Sylvain colocó la mano izquierda en la pared junto al marco de la entrada y con la mano derecha se permitió retirar de la de Allie aquella pesada puerta, que en momentos siguientes ya estaba cerrada con los dos al interior de la habitación: ella sobresaltada por la rapidez de la situación, él con la respiración entrecortada.
Todo fue bastante rápido, Sylvain giró sobre sí mismo, sorprendiendo a Allie y quedando frente a ella, sin dar espacio a cualquier reacción indeseada, acorralándola entre su cuerpo y la pared junto a la puerta. A Allie se le aceleró el corazón; los latidos, intermitentes hasta hacía un momento, se volvieron frenéticos, confusos, difusos. Y Allie no podía alejar la vista de sus labios, y él recorría su rostro con la mirada, sus ojos azules: el mar contenido.
La cargó de pronto y ella le rodeó la cintura con las piernas. Se miraron en silencio y ella dejó que la llevara hasta la cama. Sylvain colocó el cuerpo de Allie con delicadeza sobre las sábanas removidas; la chica estaba realmente impávida, pues no sabía en qué momento el clima de la habitación se había trastornado.
Al quedar sobre la cama, Allie esperaba -de alguna manera- recibir el cuerpo de Sylvain, pero lo que él hizo fue inadvertido: arqueó el cuerpo hacia ella, de manera que ya no había una sola fibra de su ser que la tocara. Ella dejó escapar una especie de sollozo, ¡¿qué es lo que sucede conmigo?! se preguntó, pero lo cierto era que, a pesar de las cosas desagradables, una parte de su mente aún podía recordar los dulces que eran sus labios. Y como si él reaccionara ante su reacción, así, con tal redundancia, aproximó su rostro al de ella, tanto que pudo sentir su cálido y cítrico aliento… la tentación, el fuego.
Allie se desconocía: un ansía inexplicable se instaló en su bajo vientre, un calor intenso le subió hasta la garganta, pero sin detenerse allí, porque se fue directo a nublarle la mente.
Con la extraña suspensión del cuerpo de Sylvain, Allie no tuvo de otra más que rodearle el cuello con los brazos, pegarlo hacia ella y abrir los labios en una clara invitación para que los tomara entre los suyos.
Seguro la temperatura de la habitación había ascendido unos cuantos grados, Sylvain acarició su boca como nadie nunca antes lo había hecho, Allie no tenía espacio para pensar en nada más, aventuró sus manos entre sus cabellos negros como la noche, y tuvo que alejarlo de ella hasta que necesitó tomar un poco de aire.
La distancia entre ambos fue dolorosa, tanto, que el primer golpe de realidad que ella recibió, fue el de una inmensa culpa… Carter, Carter y más Carter, aparecía en su cabeza, y decidió que estar tan cerca de Sylvain no mejoraba las cosas. Se levantó de nueva cuenta y esta vez fue ella la que se alejó hacia la ventana.
 ─ Lo siento, yo… no debimos ─intentó hilvanar Allie.
─ Pero… ─a expensas de la poca luz que se filtraba por la ventana, Allie pudo notar el sonrojo que se dibujaba en Sylvain por la súplica.
─ Necesito estar sola. Es mejor que hablemos por la mañana ─pero en lugar de echar a Sylvain, ella fue quien abandonó la habitación, dirigiéndose hacia la biblioteca.
De camino, la mente de Allie daba mil vueltas. Era su primer día de regreso a Cimmeria y ya había pasado algo totalmente inesperado. Cómo diablos le diría a Carter que aquella noche Sylvain la había besado y, sobre todo, que a ella le había gustado; pues la cuestión era que si ella no se lo decía, resultaba que siempre las paredes podrían tener ojos y de alguna manera se enteraría. Y Allie estaba en lo cierto, pues justo pasando el primer recodo del pasillo “algo”, en el tapiz de la pared contigua, se removió.

24.6.11

Te regalo mis: Reflexiones sin terminar.

Reflexiones sin terminar, surge ante mi negativa, de pensar una conclusión para cada uno de mis escritos. Ya había presentado dos volúmenes con dicho título, pero han sido descontinuados por mi propia mano. Dígamos pues, que este es un nuevo comienzo. Aquí muestro la selección de los dos escritos presentados en los anteriores volumenes y unos agregados. Dentro del documento, les cuento un poco más acerca de ello, es un regalo en descarga, con un diseño hecho con mucho cariño, espero que a sus ojos pueda gustar.

21.2.11

Relato: Despedida en Ámsterdam.

- Titulo del relato: Despedida en Ámsterdam.
- Sinopsis: Cada relación tiene un grado de complejidad diferente. El amor es complicado y a veces las cosas no pasan como queremos. Así es la vida y en ocasiones uno espera más del otro, o peor aún, uno otorga más que el otro.


Era un día frío y lluvioso, los huesos me escocían del dolor, pero el solo hecho de pensar en ver a Alex mi cuerpo se reconfortaba, llevaba saliendo algunos meses con él.

Caminé tres cuadras más hacia el café donde habíamos quedado de vernos. ¿Qué sería tan importante como para llamarme en medio de la noche y pedirme una cita? Nunca hacía eso, a menos que fuera realmente importante, ya que cuando quería verme acudía a mi casa o viceversa.

Después de pasar sobre varios encharcamientos, finalmente llegué al café, me sacudí un poco las botas e ingresé al “Café Ámsterdam” empuje la puerta y pronto me sentí invadida por su olor tan característico y por la calidez que fluía en el lugar, no sólo porque fuera agradable, sino porque había más gente de lo normal allí.

Busqué el cabello rojizo de Alex, lo ubiqué rápidamente y cuando él me vio se desperezó un poco y me saludo con una sonrisa débil. Algo andaba mal, y era mejor averiguarlo pronto.

— Llegas tarde — puntualizó amablemente.
— Lo siento cariño — me incliné levemente hacia la parte donde se había sentado, le besé lentamente los labios y me senté frente a él.
— ¿Cómo dormiste? — preguntó presionando, tal vez quería llegar a otra parte de la conversación.
— Después de tu llamada me costó conciliar el sueño — fui sincera porque esperaba que el también lo fuera.
— Si, sobre eso… — titubeó.
— Suéltalo Alex, sé que pasará algo el día de hoy—.
— Está bien. Deberás entender que ya no puedo más — me extrañé por su tono.

Una de las camareras se acerco sigilosamente, cuando percibió la tensión de la situación.

— ¿Les tomo su orden? — preguntó, aún dudando si era un buen momento.
— No, muchas gracias — le dije amablemente, y mientras ella me miraba con reproche Alex ordenó.
— Otro americano, por favor — se apresuro a contestar.
— Con gusto — Alex y yo vimos como la camarera se fue a cubrir la orden y retomé la conversación.

— Y… ¿Dime? — aventuré con un tono de voz despreocupado, para que se animara a hablar, pero me arrepentí después de poco tiempo.
— Quiero que seas mi novia — su nerviosismo me contagió una angustia inexplicable.
— Jajaja. Alex ya, en serio ¿Qué es lo que pasa? — intenté creer que era una broma. Pero él no se rió ni por un poco.

— No es una broma Diana. Sé que lo has dejado claro y que decidimos no comprometernos ni involucrarnos de alguna otra manera, pero… — su rostro estaba pálido y no quería imaginar como se veía el mío.
— Así que, um ¿Quieres exclusividad? — pregunté seriamente.
— Oh vamos no se trata de eso y lo sabes. No es que no confíe en ti, pero nunca imaginé sentir esto. Es algo que me quema aquí adentro — sus palabras eran suficientemente dolorosas, pero aún así señaló hacia su pecho como si esperara que viera en su interior. — Te amo — y cayó el silencio.

— Yo también Alexander — dije sin ánimo de seguir la conversación.
— Pero ¿no puedes ser mi novia? — dijo cuestionando algo que sabía de antemano.
— No te amo de esa manera. Eres muy importante en mi ida, hemos compartido muchas cosas, pero sabes que yo no podría darte lo que estás buscando, debes entender que me es imposible convivir con alguien en forma de pareja — dije viendo a ningún lugar en particular.

— Te he estado buscando a ti — dijo sencillamente.
— ¿Te gusta lo difícil eh? — sonreí cansinamente.
— Necesito una respuesta — puntualizó cruelmente.
— ¿Qué pasará si decido no aceptar tu propuesta? — realmente no tenía esperanzas de que repercutiera en nuestra relación.
— No lo sé, pero podría decirte que pasaría si aceptaras.

Esperó quizá a que yo preguntara, y al no obtener nada, prosiguió.

— Te amaría por la eternidad — finalizó.
— Eso suena a mucho tiempo — dije incomoda, lo tomé de las manos y besé el dorso de una de ellas. —Prefiero no saber qué pasará — me levanté y besé delicadamente su frente. — Cuídate y busca en el lugar adecuado — le sonreí con tristeza y me fui rápidamente hacía la salida.

Cuando regrese al frío, comprendí que aquello cálido que corría a través de mis mejillas eran lágrimas. Pude haber aceptado la propuesta de Alex, pero sé muy bien que lo nuestro hubiera durado lo que él prometió: una eternidad.

Sin embargo, algún día también tendría que despedirme de él, al menos en este mundo, que mejor que hacerlo de una buena vez, al menos para él; pensé que Alex tenía tiempo de sanar y de encontrar a la persona correcta, mientras yo seguía sin expectativas en la vida, tal vez intentaría construir un destino, pero al parecer Alex ya no formaría parte de él.

10.12.10

Regalo en descarga: Sálvame de la Oscuridad.

Hola a todos, como la Navidad y el Año Nuevo están próximos, quiero hacerles un regalo.

Desde hace tiempo, quería regalarles una descarga, sé que no es mucho, pero espero sea de su agrado y ojalá, me hagan llegar sus críticas y comentarios.

Bien, es un relato que hice para un concurso de Halloween, pero trabajé en algunas modificaciones, que creí necesarias para que fuera digno de sus ojos y elaboré una portada, espero que les agrade, a mi me tiene un poco confundida, pero me gusto el resultado. Sin más preámbulo los dejo con este relato para descargar.



Sinopsis:

>>La vida sin miedo no es vida<<, es lo que se dice Aurim, una mujer ciega y perseguida por su pasado. Mientras Matt, el hijo de la mujer que la ha criado desde niña, busca enseñarle que lo más importante no es lo que se ve, sino lo que se siente.

Él, estará dispuesto a ayudarla a creer nuevamente en el amor, aunque la oscuridad intente arrastrarlos a un camino sin salida.


Sólo da click en:


Nota: El archivo se encuentra en formato Word y les saldrá un mensaje de si desean abrirlo como SÓLO LECTURA, le dan en aceptar y los dejará leer con normalidad.